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Gdor. León Sola, Entre Ríos, Argentina


Sobre una Colección de
Alfarerías Minuanes Recogidas en la Provincia de Entre-Rios

por JUAN BAUTISTA AMBROSETTI

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Página 1

En 1882 hice un primer viaje al Departamento Victoria(1)en la Provincia de Entre-Ríos, y a pesar de muchas pesquisas que llevé á cabo en el Cerro de la Matanza que se encuentra al lado del pueblo, no hallé nada que pudiera revelar la existencia de los antiguos Minuanes, habiendo sido ése el último baluarte en donde se resistieron y fueron diezmados por los españoles legándole este hecho su nombre sangriento.

Razones que no son del caso me obligaron a regresar a Buenos Aires sin haber podido llevar á cabo alguna excursión provechosa.

Inútiles también fueron los repetidos encargos que hice a varias personas para que buscasen y me enviasen objetos arqueológicos de allí.

En 1885 volví nuevamente á Victoria visitando varias veces el famoso Cerro de la Matanza sin resultado, lo que me hizo suponer que todos los trabajos hechos en ese sentido eran inútiles y que debía dirigir mis pesquisas en otro.

Dado el carácter de los Minuanes como tribu nómade, era de suponer que tuvieran sus paraderos en las costas de los ríos, abundantes en elementos de vida y ofreciéndolos con más facilidad que en el interior, así es que resolví investigar por allí.

Algunos datos recogidos y unas muestras de alfarería lisa que me regalaron unos isleros, concluyeron por convencerme.

Poco tiempo después acompañado por mis amigos don Paulino Robledo, su hijo Manuel y don Francisco Jáuregui, tuve ocasión de reconocer la costa del Río Victoria, en dirección oeste recogiendo en esta excursión más de quinientos trozos de alfarería, en su mayor parte lisa, que hallábamos enterrados sobre la barranca a veinte centímetros debajo de la capa vegetal.

Mucho cavamos y revolvimos en varios puntos sin hallar más que no se tratase allí sino de simples paraderos transitorios.

Días después, seguimos costeando el río y en el monte del señor don Nicodemus Atencio, a 15 centímetros bajo la capa vegetal, volvimos á hallar una cantidad enorme de fragmentos todos lisos.

En vista de esto, resolví aceptar una invitación para visitar una pesquería situada en las Islas frente á la Victoria, de propiedad del capitán Ballesteros. Allí también hallamos grandes depósitos de fragmentos, muchos de ellos con dibujos grabados que recogimos con el Sr. Luis Cúneo que me acompañaba.

Mientras tanto, de la isla del Ceibal me llegaba una gran bolsa llena de fragmentos en su mayor parte lisos, que el señor don Paulino Robledo había mandado recoger allí.

Simultáneamente el señor Toribio E. Ortiz, director de la Sección Paleontológica del Museo del Paraná, llevaba a cabo una excursión por el punto llamado Paracao, cerca de la ciudad del Paraná y recogía muchos fragmentos de alfarería junto con una bola perdida y huesos fragmentados.

Al mismo tiempo el joven José Sors, que donó al Museo del Paraná todas sus colecciones con el laudable propósito de coadyuvar a su adelanto, recogía también otra serie de fragmentos en un arenal situado cerca de la ciudad, donde el agua, al desprenderlos de las barrancas los depositaba allí.

Terminada mi visita a las islas, la que espero volver a emprender con mayores datos y elementos en breve, regresé al Paraná, abandonando á Victoria, tumba no solo de los Minuanes en 1701, sino también del esforzado Juan de Garay, el valiente fundador de Buenos Aires, á quien exterminaron junto con sus 40 compañeros en una noche del año 1584 mientras habían bajado a tierra para buscar en el tranquilo sueño el reparo de sus fuerzas, esos terribles guerreros que nunca dieron ni pidieron cuartel (2).

He aquí como describe Lozano el exterminio de Juan de Garay y sus compañeros:

<<Por los años de 1584, viendo el general Juan de Garay, muy aumentada ya su grande población de Buenos Aires y todo el país de la comarca tan pacífico que no se oía el menor rumor de guerra, quiso salir á visitar la provincia por cumplir con la obligación de su empleo. Embarcóse con una compañía de soldados muy lucidos, que no tanto por la necesidad de escolta, cuanto por hacerle este cortejo, se determinaron á este viaje, llevando algunos sus co.?..tos porque eran vecinos de la Asunción.

<<Navegaron con prosperidad, saliendo a dormir en tierra con tanta confianza, que por estar muy pobladas aquellas costas de bárbaros, no ponían centinelas, pareciéndoles no recelaban la menor alevosía. Siempre la demasiada confianza ha sido madre de los peligros, y entre gentes recién conquistadas, no sobra ningún recelo, que aunque á los pocos cantos parece ocioso, suele salir muchas necesario. Si así lo hubiera observado Garay, no se hubiera perdido así, y puesto á contingencia de perderse la nueva ciudad, enseñando con su desgraciado fin, que es prudencia, mirar como contingente lo posible y no fiarse de quien echa pocas raíces en la fidelidad por más que parezca abatido. Arribó, pues, una noche de estas, a la tierra del cacique Manuá que era el de menos nombre y menos poderoso en toda la comarca, y estas circunstancias aumentaron para su ruina la seguridad de los españoles.

<<Alojáronse á corta distancia de su pueblo, y echáronse a dormir con el descuido que si velara en su defensa el poder de Xerxes; por el contrario Manuá á quien traía desvelado el odio innato a los españoles, convocó en gran secreto a ciento treinta de sus vasallos, que provistos de todas sus armas, bolas, flechas, dardos y macanas, asaltaron el real de Garay, que se quiso poner en defensa; pero fueron tan prestos los bárbaros en descargar, que sin darle lugar á empuñar las armas, le quitaron la vida, y con ella el aliento a cuarenta de sus compañeros que fueron blanco de su furor, y entre ellos, fue muerta doña Ana de Velarde, natural de Logrosan en Extremadura, mujer del capitán Piedrahita, dama de rara hermosura y discreción.

<<Los demás pudieron retirarse al bergantín pero al entrar en él, otras dos señoras, mujeres de Miguel Limón y de Alonso de Cuevas, corrieron peligro de perecer, porque errando los pies con la turbación, cayeron al agua. Sus nobles consortes, se portaron en la ocasión con raro esfuerzo, porque con las espadas se opusieron al torrente de los bárbaros que ya venían sobre ellos, y los detuvieron, hasta que otros, pusieron en cobre a ambos, y entonces, ellos también se aseguraron de la embarcación haciendo algunas muertes en los que más osados se atrevieron a acercarse más para abordarla. Atribuyeron a la poderosa intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe la vida, los que escaparon del bergantín porque imploraron su auxilio en el mayor peligro, se sintieron llenos de aliento y brío para la resistencia; encamináronse para Santa Fé, desde donde en tres barcas prosiguieron su viaje á la Asunción, y una de ellas fué tan desgraciada que perdió el gobernalle, é impedida de la corriente furiosa, se volcó y perecieron otras cuarenta personas, saliendo con vida solas cuatro, de que también perecieron en tierra las tres á los rigores del hambre y el último murió después en la Asunción, estropeando de un caballo. Estas complicadas desgracias dieron copiosa materia á las lágrimas de toda la gobernación; pero más asustó á Buenos Aires la resolución de los bárbaros Manuaes, porque insolentes con la victoria se engrieron de manera, que pareciéndoles pequeño triunfo, entraron en confianza de asolar la nueva ciudad. Para esta grande facción, convidó el Manua á las naciones Guaraní, Cholasea, Querandí y Mbeguá: acudieron pronto los caciques de todas a una junta que se convocó en las tierras de Manuá, y como estaban mal hallados con la paz y deseosos de romper guerra para acabar con el dominio español, que miraban como el padrastro de su libertad, convinieron fácilmente en el asunto principal, y para arbitrar los medios de conseguirla, se decretó otro festín más solemne, que quiso celebrar Jamandú, aquel cacique guaraní, de quien dejamos hecha larga mención, y fue siempre famoso por su inconstante fe y genio alevoso.

<<Éste citó á todos los capitanes más valientes de la comarca que juntos en la asamblea después de bien llenos de sus brevajes, dieron varios arbitrios para hacer la guerra, aunque hubo sus diferencias, sobre cual ciudad sería luego acometida, si la de Santa Fé o la de Buenos Aires; unos se inclinaban á aquella como empresa más fácil, pero prevaleció el dictamen del cacique Querendelo, que prevaleció de Buenos Aires, siguiendo Taminibalo, anciano muy respetado de todos por su consejo y acreditada valentía y los caciques Tabdelo, Manoncalo, Terú y Yaguatatí que se ofrecieron a darles auxilio denodados con todos sus vasallos: y como este partido era más poderoso, arrastró a su séquito á todos los demás de las otras naciones. Trataron después entre sí, de elegir capitán general que gobernase la facción, y á quien se comprometieron de obedecer ciegamente todo el tiempo que durase la guerra las naciones auxiliares, prueba del empeño con que emprendieron esta acción, porque siempre entre estos bárbaros se miró con horror el sujetarse los de una nación a capitán de otra, como si fuera descrédito rendir obediencia los extraños confirieron, pues, entre todos bien opinado, por el valor con que se había portado en las guerras de su nación. Guaraní con las comarcas, esperando tendría la misma suerte con la española. Señalóse un breve término, para que cada nación acudiese con sus milicias en paraje no muy distante de Buenos Aires, y el día aplazado, descendieron allí Choloasas, Mbeguaces, Querandíes; pero la flor de todos eran los Guaraníes.

“No se perdonó adorno militar de que aquel día no se hiciese gala, para aventajarse una nación á otra, pretendiendo cada una vencer á las demás al mismo tiempo que a la española.

<<Formados en un cuerpo, se fueron acercando en buen orden a Buenos Aires al son de sus bocinas y tambores. Sabían ya allí por algunos espías, el designio de los bárbaros, y el teniente de gobernador que allí era entonces Rodrigo Ortiz de Zárate, echó menos en la ocasión, al capitán Cristóbal de Altamirano que por haber hecho ausencia á la Asunción, no podía salir a sosegar aquellos ánimos, pero como era hombre de grande presunción y muy valeroso, no omitió diligencia para poner la plaza en estado de defensa, procediendo incansable en cuanto requería la urgencia presente, con que consiguió tener su gente no solo dispuesta, y prevenida, sino deseosa de probar las manos con aquella canalla. Luego que avistaron los bárbaros a la ciudad, levantaron el grito con grande algazara que fue a azorar los ánimos de los valientes españoles, quienes saliendo en escuadrón formado tan inferior en número, como superior en la disposición, valor y disciplina militar, empezaron á competente distancia la embestida de los enemigos, que recibieron con sus arcabuces, é hicieron algún estrago.

<<Los bárbaros no se acobardaron por esto, antes como venían resueltos á morir ó vencer, se mezclaron en breve de manera que imposibilitaron el fuego de la artillería de la ciudad como se tenía antes dispuesto; pero no hizo falta porque los españoles pelearon con tal denuedo que abatieron su orgullo.

<<No obstante se volvieron á rehacer los bárbaros y llegaron á poner en balanza la victoria, que estuvo neutral por mucho tiempo, hasta que cayendo muerto el General Guazayalo, cayeron con él los bríos de los suyos, y sin ser poderosos á contenerlos otros capitanes, huyeron por aquellos llanos con gran desorden y confusión, dejándonos el campo y la victoria y por señales los cadáveres de gran parte del ejército pagano siendo pocos los muertos de nuestra parte, aunque si, muchos los heridos pero no de peligro. No pudieron los españoles seguir el alcance, por hallarse muy fatigados de la continua operación de algunas horas que duró la batalla; pero en vez del estrago que pudieron haber hecho siguiéndolos, cogieron por fruto el desengaño de aquellas gentes, que desde esta ocasión, no se atrevieron más á hacer semejantes alianzas y se conservaron pacíficos, tributando á los vendedores, hasta que poco á poco se fueron consumiendo, sin haber quedado apenas, el día de hoy, rastro de tan numerosas naciones, que parece fábula haya habido indios en esta comarca, y no se pudiera creer el número grande que pobló este país, sino constara de instrumentos muy auténticos y ciertos, pues solo se ven algunos pocos en el pueblo que llaman del Baradero de nación Mbeguaes, y algunas tolderías de infieles de la nación Querandí que hoy llamamos Pampas. Tal ha sido el estrago que en estas miserables gentes han hecho las epidemias, la embriaguez y el trabajo demasiado con que los fatigaron los encomenderos.>>


NOTAS:

(1) Antiguamente Matanzas

(2) Azara: Descripción é Historia del Paraguay y Río de la Plata.

GAY: Historia de la República Jesuítica del Paraguay.

BENINGNO T MARTINEZ: Apuntes Históricos sobre la Provincia de Entre Ríos. T1.

ID: Memoria sobre la Conquista y fundación de los pueblos de Entre Ríos en la Nueva Revista de Buenos Aires, 1884.

LOZANO: Historia de la Conquista del Paraguay, Rio de la Plata y Tucumán. Tomo III, pág 265.


BIBLIOGRAFIA: AMBROSETTI, Juan Bautista; "Sobre una Colección de Alfarerías Minuanas Recogidas en la Provincia de Entre-Ríos", Buenos Aires, Imprenta Martín Biedma, Calle Bolivar 535; año1893 (26 páginas)

(Del Boletín del Instituto Geográfico Argentino, tomo XIV)

Texto integral - Todo el texto y todas las imágenes de la obra, reproducidas. Digitalizado por Susana de Tezanos Pinto para "La Voz de Sola". Publicado en Internet en oct 2008

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Juan Bautista Ambrosetti (Gualeguay, Provincia de Entre Ríos, 1865 - Buenos Aires, 1917)
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