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LA VOZ DE SOLA

Gdor. León Sola, Entre Ríos, Argentina

UN VIAJE AL PAIS DE LOS MATREROS

José Sixto Alvarez, "Fray Mocho"(1858-1903)

1) Pinceladas 2) Brillazón - En las Tierras Altas - 3) Camalotes - En las Tierras Bajas - 4) La Carneada - 5) Macachines - 6) Flores de Ceibo - 7) Entre las Pajas - 8) Juan Yacaré - 9) Peludeando - 10) Bajo el Alero - 11) El Aguará - 12) A la Luz del Fogón - 13) Chisporroteo - 14) Cortando campo - 15) En los Bañados - 16) Entre el Monte - 17) La Chingola - 18) Gotas de Caña - 19) El Porongo Cazador - 20) Al Caer la Tarde - 21) La Domada - 22) El Carau -

Capítulo 1
PINCELADAS

La población más heterogénea y más curiosa de la república es, seguramente, la que acabo de visitar y que vive perdida entre los pajonales que festonean las costas entrerrianas y santafesinas, allá en la región en que el Paraná se expande triunfante.

¡Qué imponente y qué majestuoso es allí el gran río, con sus embalsados que parecen islas flotantes; con sus pajonales impenetrables que quiebran la fuerza del oleaje y defienden del embate continuo la tierra invasora que poco a poco lo estrecha y que ya luce orgullosa su diadema de ceibos y de sauces; con sus nubes de garzas blancas que al volar semejan papelitos que arrastrara el viento; con sus bandadas de macáes que se zambullen chacotones persiguiendo las mojarras entre los camalotes florecidos y con sus nutrias y sus carpinchos y sus canoas tripuladas por marineros de chiripa que parece que allí no más, a la vuelta del pajonal, han dejado el caballo y las boleadoras!

¡Qué curioso y qué original es este gran río que lucha desesperado por ensanchar sus dominios! ¡Cómo se defiende la tierra de sus ataques y cómo avanza tenaz y cautelosa, aprovechando la menor flaqueza de su adversario y con qué orgullo tremola, como un pendón de triunfo, la florescencia vistosa y fragante de la vegetación que alimenta!

Aquí, el río impetuoso arranca de cuajo un pedazo de isla y lo arrastra mansamente, desmenuzándolo hasta dejar en descubierto los tallos trenzados de las lianas y camalotes que formaron su esqueleto.

 Allá va a tenderlo, como un rompeolas, ante un ceibo veterano, cuyas raíces sirven de asidero a las zarzas y enredaderas que ya dibujan en sus contornos un futuro albardón, o la estrella con fuerza sobre el tronco rugoso de un sauce sin hojas, paradero habitual de los enlutados biguáes encargados de la vigilancia en la comarca.

Más lejos, la tierra avanza una red de plantas sarmentosas -protegida por otra de esos camalotes cuyos tallos parecen víboras y cuyas flores carnudas, pintadas con colores de sangre sobre fondos cárdenos, exhalan perfumes intensos que marean- y, lentamente, va extendiendo su garra sobre el río, inmovilizando sus olas, aprisionando los detritus que arrastra la corriente, hasta poder formar un albardón donde la vida vegetal se atrinchera para continuar con nuevos bríos la lucha conquistadora.

Este vaivén, esta brega de todos los instantes, da a la región una fisonomía singular e imprime a todos sus detalles un sello de provisoriato, un aire de nómada que bien a las claras indica al menos observador, que ha llegado adonde la civilización no llega aún, sino como un débil resplandor; que está en el desierto, en fin, pero no en el de la pampa llana y noble -donde el hombre es franco, leal, sin dobleces como el suelo que habita-, sino en otro, áspero y difícil, donde cada paso es un peligro que le acecha y cuyo morador ha tomado como característica de su ser moral, la cautela, el disimulo y la rastrería que son los exponentes de la naturaleza que le rodea; que se halla en el país de lo imprevisto, de lo extraño; en la región que los matreros han hecho suya por la fuerza de su brazo y la dejadez de quienes debieran- impedirlo; en la zona de la república donde las leyes del Congreso no imperan, donde la palabra autoridad es un mito, como lo es el presidente de la república o el gobernador de la provincia.

Pensar aquí en la Constitución, en las leyes sabias del país, en les derechos individuales, en las garantías de la propiedad o de la vida, si no se tiene en la mano el Smith Wesson y en el pecho un corazón sereno, es delirio de loco, una fantasía de mente calenturienta, pues sólo impera el capricho del mejor armado, del más sagaz o del más diestro en el manejo de las armas.

-¿Y cómo arreglan ustedes sus diferencias -Preguntaba a un viejo cazador de nutrias-, cómo zanjan sus dificultades?

-¡Asigún es el envite es la rempuesta! ¡Si uno tiene cartas, juega, y si no se va a barajas!

-¿Es decir que aquí sólo tiene razón la fuerza? -¡Ansina no más es, señor!... ¡Aquí, como en todas partes, sólo talla el que puede!

No obstante, a medida que uno sube de las tierras bajas a las altas, la vida del hombre cambia como cambia la naturaleza que le rodea: las pajas desaparecen bajo el manto tupido de la gramilla; los ceibos y los sauces son substituidos por el espinillo y el ñandubay; los ranchos no son ya miserables chozas quinchadas sino construcciones de paja y barro que resguardan de la intemperie.

En vez de la desolación que reina en aquéllos, alegran la vista en éstos algunas aves caseras y un enjambre de muchachos que juegan bajo el alero.

En las tierras altas están los hombres de responsabilidad, los diablos que se hacen santos, los que lucran con el esfuerzo de los nómadas sin techo y los que, a su vez, son víctimas en las horas de escasez; en las bajas, habitan los desheredados, los que recién llegan a la tierra de promisión donde no hay piquete de seguridad ni comisarios, donde a nadie se pregunta su nombre ni la causa que lo trae al desierto, ni cómo va a vivir o a morir.


GLOSARIO- CAPITULO 1)

albardón: Loma o elevación situada en terrenos bajos y anegadizos, que se convierte en islote con la subida de las aguas inundables.

ansina: así, de esa manera.

biguá: ave palmípeda de 55 cm. de largo, suave plumaje negro con alguna nota blanca en la cabeza y en el largo cuello. Hábil nadadora e intrépida zambullidora; para dormir suele treparse a los árboles.

boleadoras: Instrumento compuesto de dos o tres bolas de piedra u otra materia pesada, forradas de cuero y sujetas con sendas guascas, que se arroja a las patas o al pescuezo de los animales para aprehenderlos.

camalote: Nombre común a varias plantas acuáticas y especialmente a ciertas Pontederiáceas que abundan en las orillas de ríos, arroyos, lagunas, etc. Conjunto formado por agregación de estas plantas y otras que arrastra la corriente de los ríos.

carpincho: este anfibio es el mayor de 'los roedores, como que mide hasta un metro de largo y pesa algún ejemplar 150 Kg.; de piel resistente y pelo como espina color pajizo claro o canela oscuro, y dedos provistos de membranas. Gran zambullidor y eximio nadador, pelea bravamente contra las jaurías y, si se ve acorralado, ataca al cazador y llega a volcarle la canoa y a herirlo. Ver el Capítulo 15.

ceibo (o seibo, o bucaré): Árbol americano, de la familia de las Papilionáceas, notable por sus flores de cinco pétalos, rojas y brillantes. Declarada por decreto, "Flor nacional" de Argentina, en 1942

chiripá: Prenda exterior de vestir que usaron los gauchos y que consistía en un paño rectangular que, pasado por la entrepierna, se sujetaba a la cintura.

espinillo o aromo: arbusto de hasta 5 m. de altura, resistente y contorsionado tronco, hojas pequeñas y fragante flor dorada.

garza: ave zancuda, descripta por el autor en el texto (Ver, Capítulo 6 desde donde dice: "¿Un pueblo de garzas"

macá: ave -clasificada entre las palmípedas aunque carece de membrana en los dedos- de plumaje pardo oscuro, anda torpemente y vuela apenas al ras del agua, pero nada y zambulle con perfección. La hembra lleva a sus polluelos sobre el lomo y tempranamente los obliga a echarse al agua a fin de hacerles adquirir esas sus características habilidades. Ver Capítulo 6 "Y entonces recién me expliqué muchas cosas"

matrero: individuo que, por haber observado mala conducta -o también por ser víctima de injusta persecución-, se retira de las poblaciones y vive al margen de ellas y de la ley.

nutria: anfibio, de la familia de las martas, que recuerda a la foca por su cabeza achatada, al castor por sus cinco dedos palmeados, a la marta por su espesa y suave piel pardo rojiza y al carpincho por sus costumbres y belicosidad. Vr capítulo 15.

ñandubay: árbol imponente de hasta 10 m. de altura y buen diámetro, rudo tronco y madera rojiza y muy dura

Paraná: Gran río de Sud América. Marcos Sastre, en "El Tempe argentino", refiriéndose a la región habitada por los matreros, dice: "El bajo Paraná, ramificado en mil canalizos que entrelazan sus innúmeras islas con una red de hilos de agua, cada día detiene su curso y retrocede para acariciar y estrechar entre sus brazos aquellas hermosas hijas de su seno, a quienes sin cesar acrecienta y enriquece con un abundante légamo y frecuentes riesgos".

piquete de seguridad: grupo de policías en guardia

quinchada: tejido o trama de junco mediante el cual se afianzan paredes y techo de paja, totora, o cañas.

rancho: habitación pobre y primitiva del gaucho. De barro y paja. Marcos Sastre, en "El Tempe argentino" describe el rancho del isleño "A la margen de un arroyo encantador, a cuatro pasos de su orilla y a la sombra de un grupo de sauces elevados y coposos, una simple estacada en un ámbito de seis varas en cuadro, sosteniendo un techo de paja con paredes formadas de junco o de ramas; tal es el rancho del isleño. Es su obra de pocos días, que dura muchos años. Su moblaje se compone de un cañizo para dormir, y otro más alto para despensa; una mesa de ceibo; algunos bancos y platos de la misma  madera; asador, olla y pava o caldera de hierro, un mate y un saco de camuatí para la sal. He aquí un edificio que, con su menaje todo, no vale tanto como uno solo de los muebles que el lujo ha hecho necesarios al habitante de las ciudades. Y esa pobre choza con su rústico ajuar, comprende cuanto el hombre puede necesitar para su seguridad y reposo, su comodidad y placer. "

sauce: En este caso, se trataría del "sauce criollo" árbol   de hasta 20 m. de altura y grueso tronco, ramas péndulas y larga hoja lanceolada, común en  las riberas de nuestros ríos.

Smith & Wesson: arma, revólver de ese nombre y marca.


Datos de la primera edición: año 1897

FIN DEL CAPITULO 1 de Viaje al País de los Matreros de J. S. Alvarez (Fray Mocho) Búsqueda y digitalización  para "La Voz de Sola"  por Susana de Tezanos Pinto de Arana T.- abril 2004 - Esta transcripción no es copia de otra, es original - Sin fines de lucro.

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Fray Mocho (1858 - 1903)

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Ilustración del cap 1


Fray Mocho, (el autor)  fallece el 29/ag/1903 y al año siguiente, el 23/abr/1904, en "Caras y Caretas", revista de Buenos Aires, que él dirigió, se publican estas páginas con un extracto de textos de "Un viaje al País de los Matreros" y con fotos de los lugares de las escenas descriptas en el libro

(clic para ver <.pdf> de 509 Kb)


La Biblioteca "Deán J. J. Alvarez" de Sola agradece toda colaboración.